¿Probióticos o alimentos fermentados? No son lo mismo

Un alimento fermentado (yogur, kéfir, kombucha, encurtidos) no es lo mismo que un probiótico. Para ser probiótico, un producto tiene que llevar cepas concretas, en una cantidad conocida y con estudios que respalden un efecto. Los fermentados son muy saludables dentro de una dieta variada, pero no garantizan un efecto concreto. Y los probióticos tampoco son todos iguales: el que le fue bien a tu vecino no tiene por qué servirte a ti. Lo hablamos con la Dra. Olalla Otero, autora de un libro sobre el tema.

Fermentados: saludables, pero no probióticos

  • Muchos fermentados del supermercado están pasteurizados: se calienta el producto para alargar su vida útil, y con ello mueren los microorganismos. Se han usado microorganismos vivos para elaborarlos, pero ya no los llevan.
  • Los fermentados caseros sí tienen microorganismos vivos, pero no sabemos cuántos ni qué cepas.
  • Por eso los expertos recomiendan llamarlos alimentos fermentados, no probióticos.

Aun así, comerlos dentro de una dieta variada es muy saludable y aumenta la diversidad, aunque esos microorganismos estén «de paso» (alóctonos) y no se queden mucho tiempo en tu intestino. Lo que no puedes esperar es que un kéfir de agua tenga el efecto concreto que un estudio demostró para una cepa determinada.

Qué hace falta para ser probiótico

  • Cepa identificada.
  • Cantidad conocida.
  • Estudios que respalden su efecto.
  • Seguridad: en Europa, los microorganismos que se pueden usar los regula la EFSA. En personas sanas, los probióticos bien estudiados son seguros.

De dónde vienen los probióticos

  • Origen animal (normalmente bovino): más fáciles de obtener. Pista: si un probiótico es muy barato, probablemente sea de origen bovino.
  • Origen humano: aislados en su día de muestras humanas (heces, biopsias, calostro, leche materna) y conservados en «bancos de cepas». Como hemos coevolucionado con ellos, suelen perdurar más en nuestro intestino.
  • De suelo: muchos forman esporas, muy resistentes al calor y al ácido del estómago. Puede parecer una ventaja, pero en personas inmunodeprimidas o con un intestino muy permeable pueden volverse en contra. Para la Dra. Otero, son menos seguros en personas que no están sanas.

Por qué no sirve el probiótico de tu vecino

Cada probiótico se estudia para un ecosistema y un problema concretos: boca, estómago, intestino, vagina, piel, pulmón… Lo que le funcionó a tu vecino para un problema bucal puede no hacer nada por tu intestino. Y algunos, como ciertos lactobacilos muy habituales, pueden dar problemas en personas con sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado.

Tomarlos al azar puede acabar en:

  • Tirar el dinero.
  • Gases o hinchazón («los probióticos no valen para nada»).
  • O, a veces, mejorar sin saber muy bien por qué.

Los probióticos no son fármacos, pero tienen una acción real: elígelos con un profesional sanitario actualizado, igual que no te tomarías un antibiótico al azar. Más sobre la microbiota en microbiota y peso y en una bacteria que te da fuerza.

Preguntas frecuentes

¿El kéfir es un probiótico?

Es un alimento fermentado. Puede tener microorganismos vivos, pero no se conocen con exactitud sus cepas ni su cantidad, por lo que no se considera probiótico.

¿Los probióticos son peligrosos?

En personas sanas, los probióticos bien estudiados son seguros. En personas inmunodeprimidas, conviene supervisión, sobre todo con cepas formadoras de esporas.

¿Cómo elegir un probiótico?

Según el problema concreto, con cepas estudiadas para él y con la ayuda de un profesional sanitario.

Contenido divulgativo basado en mi vídeo de YouTube. No sustituye el consejo de tu médico ni de un profesional sanitario que conozca tu caso.