No eres tú, es el método: el lecho de Procusto en la dieta y el entrenamiento

Cada día aparece alguien que dice exactamente cómo tienes que comer, entrenar y vivir, como si existiera una fórmula válida para todos. Es el lecho de Procusto: obligar a la persona a encajar en el método en lugar de adaptar el método a la persona. Los métodos funcionan, pero son herramientas, no leyes universales. La media de un estudio no es una persona, y cuando alguien no mejora, muchas veces no falla su cuerpo: falla la dosis. Eso sí, individualizar no significa que todo valga: los principios no cambian.

La cama de Procusto

En la mitología griega, Procusto era un bandido que ofrecía alojamiento a los viajeros. Si eran demasiado altos para su cama, les cortaba lo que sobraba; si eran bajos, los estiraba. La persona tenía que adaptarse a la cama, nunca la cama a la persona. Eso hacemos al aplicar la misma dieta o la misma rutina a todo el mundo.

Todo funciona… para alguien

El ayuno puede funcionar. Contar calorías también. Una dieta baja en hidratos, también. Un programa de fuerza de 3×5, también. El problema es convertir una herramienta útil en una ley universal. Por cierto, el Nobel de 2016 no premió el ayuno, sino el descubrimiento de los mecanismos de la autofagia, dos cosas relacionadas pero distintas. Más en los riesgos del ayuno.

La misma dieta y el mismo entrenamiento no tienen el mismo efecto en un niño de 9 años, en un adulto de 45, en una persona de 83 o en otra de 101. Un déficit energético no es igual en una persona sedentaria con exceso de grasa que en un deportista que ya come poco para lo que entrena. Más en el presupuesto energético.

La media no es una persona

Si 100 personas siguen un programa durante 12 semanas y mejoran «de media» un 10 %, en realidad unos mejoran un 20 %, otros un 5 % y algunos empeoran. Eso no invalida la ciencia; significa que la respuesta depende del punto de partida, la experiencia, la dosis, la alimentación, el descanso, el estrés y la adherencia. Además, las mediciones fluctúan: el peso cambia con la hidratación, la fuerza con la fatiga.

No respondedores… ¿a qué?

Antes de etiquetar a alguien como «no respondedor», pregúntate: ¿a qué estímulo?, ¿durante cuánto tiempo?, ¿con qué intensidad y volumen? Quizás necesitaba más tiempo, otra dosis, otro ejercicio o dormir mejor. Quizás el plan era perfecto en el Excel e imposible en su vida real. Un buen profesional no culpa a la persona cuando su método no funciona.

Individualizar no es que todo valga

Hay principios que se cumplen sí o sí:

  • Fuerza: un estímulo suficiente y progresión.
  • Resistencia: entrenar el sistema cardiovascular y metabólico.
  • Músculo: entrenamiento, proteína y recuperación. Más en planificar la fuerza.
  • Perder grasa: un déficit energético mantenido el tiempo suficiente.

Lo que cambia es cómo los aplicas: la dosis, el ejercicio, la distribución o el número de comidas (tres, cuatro o una, según a quién le funcione). Y el contexto (sueño, estrés, horarios) también es fisiología. Más en el mito de las 5 comidas.

El orgullo de decir «depende»

En redes, «depende» parece inseguridad. En fisiología es el comienzo de una respuesta rigurosa: ¿para quién?, ¿para qué?, ¿durante cuánto tiempo?, ¿con qué historial? No cortes a la persona para que quepa en tu método: cambia el método.

Preguntas frecuentes

¿Por qué una dieta funciona a unos y a otros no?

Porque la respuesta depende del punto de partida, el contexto, la adherencia y la dosis, no solo del método.

¿Qué es un no respondedor?

Alguien que no mejora con un estímulo concreto; muchas veces mejora al ajustar la dosis, el tiempo o el tipo de entrenamiento.

¿Entonces vale cualquier dieta?

No: hay principios comunes (calidad, energía total, proteína, fibra, movimiento); lo que se individualiza es cómo aplicarlos.

Contenido divulgativo basado en mi vídeo de YouTube. No sustituye el consejo de tu médico ni de un profesional sanitario que conozca tu caso.