«Compórtate», de Robert Sapolsky: la biología de nuestros mejores y peores actos

*Compórtate*, del biólogo y neurocientífico Robert Sapolsky (Capitán Swing), es probablemente el mejor libro que he leído. En casi mil páginas explica por qué hacemos lo que hacemos, desde lo que pasa en tu cerebro segundos antes de una respuesta hasta lo que vivió tu madre antes de que nacieras. Su tesis: el comportamiento no es solo biología, ni solo psicología, ni solo cultura; todo está entrelazado. Aquí tienes mi resumen en siete claves (que no sustituye a leerlo).

1. ¿Responde tu corteza prefrontal o reacciona tu amígdala?

Antes de cada respuesta compiten dos sistemas:

  • Amígdala (sistema límbico): emoción, miedo, ira, agresividad. Es más rápida.
  • Corteza prefrontal: lógica, planificación, el deber. Necesita tiempo.

Si respondes en un segundo, probablemente ganará la amígdala; si te das unos segundos, minutos o días, ganará la razón. Por eso conviene no reaccionar, sino responder: respirar, contar hasta diez, reflexionar.

2. La amígdala no es la mala

Es la parte del cerebro donde se origina buena parte del miedo, la ira y la ansiedad, y tiene una función de supervivencia: te pone en alerta cuando confundes una manguera con una serpiente. El problema es que trabaje todo el día: la hipoteca, el jefe, el cuñado… En personas con estrés postraumático la amígdala es más grande y sensible. Cuida dónde pones tu atención. Más en quién manda en tu cuerpo.

3. Neurotransmisores: disfrutar frente a desear

Hay unas 50 sustancias que actúan como neurotransmisores, y una misma puede activar o inhibir según dónde actúe. Simplificando:

  • Los de disfrutar lo que tienes: serotonina, oxitocina, endorfinas, endocannabinoides.
  • Los de perseguir lo que deseas: sobre todo la dopamina. No produce placer, sino deseo y anticipación. Cuando consigues lo que perseguías (la bici nueva, los seguidores, la pareja), se apaga y buscas otra cosa. Por eso rara vez nos conformamos.

Más en hormonas y neurotransmisores.

4. Testosterona: no es igual a agresividad

En monos, dar testosterona no creó agresividad nueva: exageró la que ya existía, como hace el alcohol en algunas personas. Lo que sí parece hacer es aumentar el deseo de estatus, reducir el miedo y aumentar la disposición a asumir riesgos. Sapolsky plantea algo precioso: si la sociedad diera estatus a la bondad, las personas con más testosterona competirían por ser más generosas.

5. El estrés y la jerarquía

Los glucocorticoides y las catecolaminas preparan para luchar o huir a corto plazo, pero el estrés crónico nos enferma y deja las decisiones en manos del sistema límbico: lo fácil y placentero (comer, beber, tele), nunca lo productivo. Más en el estrés y tu metabolismo.

  • En muchas especies, los de abajo en la jerarquía sufren más estrés.
  • En humanos, a menudo los más estresados son los mandos intermedios: mucha responsabilidad y poco margen de decisión.
  • La pobreza se asocia a peor salud y menor esperanza de vida, y sentirse pobre empeora todavía más las cosas.
  • El estrés puede generar agresión desplazada hacia quien está por debajo, algo que ayuda a entender (nunca a justificar) el aumento de la violencia doméstica en épocas de crisis.

6. El entorno prenatal y la infancia

  • El estrés de la madre durante el embarazo puede llegar al feto y hacer su cerebro más sensible a la ansiedad y la depresión en la edad adulta.
  • El invierno del hambre holandés (1944-45): los hijos de mujeres que pasaron hambre en determinados meses del embarazo tuvieron más riesgo de diabetes, obesidad y otras enfermedades décadas después.
  • Antes de los años 50, los hospitales limitaban las visitas de los padres a sus hijos ingresados, y los niños privados de su madre enfermaban y morían más. De ahí nació la teoría del apego.
  • En el famoso experimento, las crías de mono preferían una madre de tela sin leche a una de alambre con leche: una madre es mucho más que comida.
  • La adversidad en la infancia aumenta la probabilidad (no la certeza) de ansiedad, depresión o violencia en la edad adulta. Y el juego, incluso el juego brusco, enseña a los niños a manejar jerarquías y cooperación.

7. Epigenética: la puntuación de tu ADN

Tus genes son las palabras; la epigenética, la puntuación. «No estás enfadada», «¿no estás enfadada?» o «¡no estás enfadada!»: mismas palabras, significado distinto. Por eso dos gemelos idénticos con vidas diferentes envejecen distinto. Como dice Carlos López-Otín, se trata de que cada gen hable cuando debe hablar. Lo explico en el lactato y la epigenética.

¿Merece la pena leerlo?

No es fácil sin algo de base en fisiología, pero es una joya. También recomiendo *¿Por qué las cebras no tienen úlceras?*, del mismo autor.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Compórtate» de Robert Sapolsky?

De la biología del comportamiento humano: cómo el cerebro, las hormonas, la infancia, la cultura y la evolución explican nuestros mejores y peores actos.

¿La dopamina es la molécula del placer?

Según Sapolsky, más bien la del deseo y la anticipación: se activa al perseguir algo y se apaga cuando lo consigues.

¿La testosterona hace a las personas más agresivas?

No crea agresividad nueva: tiende a exagerar conductas previas y a aumentar la búsqueda de estatus.

Contenido divulgativo basado en mi vídeo de YouTube. No sustituye el consejo de tu médico ni de un profesional sanitario que conozca tu caso.